La Iglesia
La apostasía es la renuncia o abandono formal y consciente de la fe en la Iglesia, después de haber recibido el bautismo y haberla profesado; se puede decir que empieza con la herejía, que es la negación de dogmas específicos que apartan de la comunión eclesial hasta llegar al abandono total y toma de fe en otra creencia.
Aunque Jesús fundó una sola Iglesia [Mateo 16, 18] y los apóstoles enseñaron una sola fe [Efesios 4, 5], aún así, hay muchas autodenominadas iglesias creadas muchos siglos después; cada una de ellas tiene un fundador diferente, y han empezado en un tiempo y lugar diferente; cada una ostenta un nombre diferente de las demás, y se ufana de adorar a Dios de distinta manera. También se diferencian las unas de las otras en su organización, y en sus diversos conceptos doctrinales infundados sobre la salvación. Y es raro que quienes se ufanan de estudiar la Biblia pretendiendo creer en ella, caigan facilmente y acepten tal confusión.
Millones de personas se excusan diciendo: “Todos vamos al cielo; solo es que tomamos caminos diferentes”. Algunos dicen: “Todas las iglesias valen igual, todas creen en el mismo Dios ”. Otros nos dicen “Únete a la iglesia que te guste.” Ante estas opiniones es importante reconocer que solo hay una Iglesia revelada en la Biblia; por lo cual debemos preguntarnos: ¿No es verdad que todos deberíamos ser parte de esa única iglesia que fundó Cristo sobre el cimiento de los apóstoles y con los primeros cristianos, y no ser parte de pseudoiglesias creadas muchos siglos después?
La Iglesia verdadera es la que nació y se consolida el día de la fiesta tradicional judía de Pentecostés bajo el derramamiento del poder del Espíritu Santo sobre los apóstoles, algunas mujeres y María, la madre de Jesús [Hechos 1, 13-14; Hechos 2, 1-4]; Por lo tanto, todas aquellas doctrinas, creadas muchos siglos después del evento de Pentecostés, entran en apostasía y se apartan de las tres virtudes teologales [1 corintios 13-13] que marcan las tres características principales de un cristiano: una misma esperanza y una sola fe [Efesios 4, 4-5], buscando la perfección en el amor [Colosenses 3, 14],

Jesús oró para que todos los que creían en Él fuesen uno [Juan 17, 20-23]. También Jesús predijo que “aparecerán falsos profetas que engañarán a mucha gente” (Mateo 24, 11).
Entonces, si alguien les dice: Miren, el Mesías está aquí o está allá, no lo crean. Porque se presentarán falsos mesías y falsos profetas que harán prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aún a los elegidos de Dios. Miren que yo se lo he advertido de antemano” (Mateo 24, 23-25).
Por su parte, la predicación apostólica está cargada de advertencias sobre el engaño en la tergiversación de la Buena Noticia o Evangelio que algunas personas predican y que conducen a la herejía y posterior apostasía. Advertencias que podemos leer a continuación:
"Hermanos, les ruego que tengan cuidado con esa gente que va provocando divisiones y dificultades, saliéndose de la doctrina que han aprendido. Aléjense de ellos". (Romanos 16, 17).
"Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones, que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios". (1 Corintios 1, 10) .
"Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto a Aquel que, según la gracia de Cristo, los llamó y se pasen a otro evangelio. Pero no hay otro; solamente hay personas que tratan de tergiversar al Evangelio de Cristo y siembran confusión entre ustedes. Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo viniese a evangelizarlos de forma distinta a como lo hemos hecho nosotros, yo les digo: ¡fuera con él! Se lo dijimos antes y de nuevo se lo repito: si alguno viene con un evangelio que no es el que ustedes recibieron, ¡maldito sea! ¡Anatema! ". (Gálatas 1, 6-9) .
"El Espíritu nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe para seguir espíritus seductores y doctrinas diabólicas". (1 Timoteo 4, 1) .
"Porque hay muchos espíritus rebeldes, charlatanes y engañadores, sobre todo entre los de origen judío. Hay que taparles la boca, pues enseñan en forma muy interesada cosas que no conviene y desconciertan a familias enteras" (Tito 1, 10-11).
"Has de saber que en los últimos días vendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, amantes del dinero, farsantes, orgullosos, rebeldes con sus padres, ingratos, sin respeto a la religión; no tendrán cariño ni sabrán perdonar; serán calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos del bien, traidores, llenos de orgullo, sinvergüenzas, más amigos de los placeres que de Dios; ostentarán apariencias de piedad, pero rechazarán sus exigencias". (2 Timoteo 3, 1-5).
"Cuídense de que nadie los engañe con sabidurías o con cualquier teoría hueca, que no son más que doctrinas humanas; pues este es el camino del mundo y no el de Cristo". (1 Colosenses 2, 8).
"Ahora vienen a predicarles a otro Jesús, no como se lo predicamos, y les proponen un espíritu diferente del que recibieron, y un "evangelio" diferente del que abrazaron. ¡Y lo aceptan sin dificultad!". (2 Corintios 11, 4).
Jesús prometió, en la persona de Simón hijo de Juan, llamado "Piedra": “sobre esta piedra edificaré Mi iglesia” (Mateo 16:18). No prometió edificar muchas "iglesias" o denominaciones; prometió edificar su propia Iglesia y por la que derramó su sangre [Hechos 20, 28]; para comprar a hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación para hacer de su Iglesia un reino de sacerdotes para que reinen sobre la tierra [Apocalipsis 5, 9s]; todos los que hemos sido bautizados somos sacerdotes que pertenecemos a ese Reino llamado Iglesia, que conforma el Cuerpo de Cristo y donde Cristo mismo es su cabeza [Efesios 1, 22-23; 4, 4]; por ende, ¡hay tan solo una iglesia!
Si queremos ser salvos, debemos estar en su Cuerpo, que es la Iglesia. No es posible tener salvación en otra "iglesia" hecha por ideologías humanas y que no viene de la sucesión apostólica.

