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La Iglesia

La Buena Noticia del Nuevo Testamento, también nos ilustra la Iglesia como el rebaño único que es guiado por un único pastor(1). En esta metáfora, los cristianos somos las ovejas de esa grey única, pues no habrá otros rebaños, sino un solo rebaño con un solo pastor; así lo dice Jesús Cristo:

"En verdad les digo: el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ese es un ladrón y un salteador" (Juan 10, 1).

(1)  "Yo soy el buen pastor y conozco a los míos como los míos me conocen a mí, lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor" (Juan 10, 14-16).

​En el contexto en que Jesús dijo estas palabras, se refería a los no creyentes, los paganos y la gran parte del pueblo judío que no le seguía, a fin de que, por la predicación de los apóstoles, entrasen a formar parte del rebaño.

 

Hoy en día, estamos llamados a seguir esa línea de proselitismo ecuménico o llamado a las diferentes religiones a entrar en el rebaño de Cristo; como también la restauración de la unidad visible y plena entre las diferentes denominaciones cristianas que se han separado del rebaño a lo largo de la historia por cismas y diferencias doctrinales, a fin del reintegro en un solo corral y creencia en un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo [Efesios 4, 5].

El ecumenismo debe ser convincente, con una apologética bien fundada, dando una justificación racional de los principios, dogmas y verdades de la fe cristiana del auténtico rebaño de Cristo. Cabe aquí aplicar la pregunta retórica de san Pablo: «¿Quieren dividir a Cristo?» [1 Corintios 1, 13].

"Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan de acuerdo y terminen con las divisiones, que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios" [1 Corintios 1, 10].

Simón Bar Jona, a quien Jesús Cristo le dio el nombre de Piedra (Pedro), recomienda a los Ancianos de la Iglesia primitiva sobre el comportamiento que deben tener ante los miembros de la comunidad eclesial.

"Apacienten el rebaño de Dios cada cual en su lugar; cuídenlo no de mala gana, sino con gusto, a la manera de Dios; no piensen en ganancias, sino háganlo con entrega generosa; no actúen como si pudieran disponer de los que están a su cargo, sino más bien traten de ser un modelo para su rebaño. Así, cuando aparezca el Pastor supremo, recibirán en la Gloria una corona que no se marchita" (1 Pedro 5, 2-4).

​En el contexto bíblico, un anciano no se refiere solo a una persona de edad avanzada, sino a un líder o autoridad reconocida dentro de la comunidad eclesial encargado de guiar, juzgar y cuidar a ese "Rebaño" que está a su cargo. En el texto griego antiguo, la palabra es πρεσβύτερος de donde pasa a españolizarse como Presbítero, que es el título que se le da a quien haya recibido el Sacramento del Orden Sacerdotal, aunque dentro del lenguaje popular se le conoce como "sacerdote" o "padre", quizá porque su función es cuidar del rebaño de la misma manera que un padre de familia cuida de sus hijos en el hogar.

El tratamiento de "padre" para referirse al "presbítero", se hereda desde los escritos del Nuevo Testamento, donde aún los apóstoles como Pablo y Juan se atribuyeron ese título, ya sea diciéndose padre de ustedes o hijitos míos. 

"No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos como a hijos muy queridos. Pues aunque tuvieran diez mil instructores de vida cristiana, no pueden tener muchos padres, y he sido yo quien les transmitió la vida en Cristo Jesús por medio del Evangelio." [1 Corintios 4, 14-15].

"Hijitos míos, de nuevo sufro por ustedes dolores de parto, hasta que Cristo haya tomado forma en ustedes."

[Gálatas 4, 19].

"A cada uno lo seguimos como un padre a su hijo, los animábamos y los urgíamos a que llevasen una vida digna de Dios que los ha llamado a su propio Reino y gloria."

[1 Tesalonicenses 2, 11-12].

"A Timoteo, verdadero hijo mío en la fe." [1 Timoteo 1, 2].

"Te saludo, Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos: recibe gracia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador." [Tito 1, 4].

Dónde aparece la expresión

  • 1 Juan 2:1: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis..."

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