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Εκκλησία

קָהַל

ἐκκλησία

Iglesia

Atendiendo a la etimología, sabremos que la palabra Iglesia ha llegado a nuestra lengua a través del griego, idioma en el cual se escribieron los libros que componen la compilación cristiana de la Biblia, es decir, el Nuevo Testamento, mientras que el canon palestinense del Antiguo Testamento, fue escrito en hebreo y arameo. 

 

De todas maneras, Iglesia, del griego Εκκλησία (ekklesía), significa asamblea o congregación, conjunto de personas, hombres y mujeres unidos en torno a la alabanza por la fe en Jesucristo. Sin embargo, para el Antiguo Testamento se considera su equivalente conceptual la palabra hebrea  קָהָל (kahal) קהילה (kahila) que significan «multitud» o «comunidad, asamblea» respectivamente.

De acuerdo al anterior concepto etimológico, la Iglesia no es una casa o edificio, sino la comunidad o asamblea universal de cristianos; el edificio, se denomina Templo y es el lugar donde la Iglesia se reúne para la oración.

 

Ahora bien, una parroquia es la iglesia local o conjunto de cristianos que se identifican y viven la misma fe dentro de una jurisdicción territorial, cuyo centro de congregación es el "templo parroquial", donde esa Iglesia local se hace visible, no por la edificación, sino por sus fieles creyentes reunidos en comunión física y espiritualmente.

 

La Iglesia es creación del divino Maestro por la cual el creyente tiene el acceso al Reino de los Cielos; por ello elige y deja a su cargo a personas con funciones de cuidado y responsabilidad en el manejo de las "Llaves del Reino", es decir, de la autoridad administrativa, de atar o desatar en su nombre, de fortalecer a los fieles en su fe y guiarlos a ese Reino que el poder del mal no podrá vencer.

Dijo Jesús a Simón: «Tú eres Pedro (o sea piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» (Mateo 16,18-19)  Cf Apocalipsis 3,7

Yo les digo: «Todo lo que ates en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desates en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo.» (Mateo 18,18)  Cf Isaías 22,22

Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo también.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes descarguen de sus pecados, están liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos» (Juan 20,21-23)  Cf Isaías 22,22

¡Simón! ¡Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como trigo que se limpia; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos.» (Lucas 22,31-32)

Jesús digo: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?« Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».

 

Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas».

 

Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero». Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas» (Juan 21,15-17).

Por la sucesión apostólica a través de la imposición de las manos u ordenación sacerdotal, la función ministerial del apóstol Pedro, hoy en día, se refleja en la acción pastoral y universal del Papa, junto con los obispos y presbíteros, que se ramifica a través de las miles de diócesis y parroquias de todo el mundo, en cumplimiento del mandato de Jesús:

"Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". (Mateo 28, 19-20)

Es importante saber que el bautismo es el sacramento por el cual nos hacemos miembros de la Iglesia, y partícipes del sacerdocio de Cristo, que nos lleva a conformar un "sacerdocio común" o conjunto de sus discípulos. Ahora bien, así como Jesús escogió de entre sus discípulos a los que él quiso y los llamó apóstoles, de la misma manera hoy sigue haciendo el llamado, de entre el sacerdocio común, a quienes quiere escoger para conformar el clero o sacerdocio ministerial.

 

Las personas (hombres) que sienten el llamado al sacerdocio ministerial, deben ingresar a un Seminario para cursar estudios de preparación, y una vez finalizados ser evaluados y recibir el sacramento del Orden sacerdotal, que en primera instancia le ordena como diácono, posteriormente como presbítero, y luego puede llegar a ordenarse como obispo.

"Vayan, ". (Mateo 28, 19-20)

presbítero, y luego puede llegar a ordenarse como obispo.

"Vayan, ". (Mateo 28, 19-20)

Sus inicios

Se puede decir que la Iglesia se inicia después que Jesús fue crucificado, muerto, sepultado y luego resucitado; en el quincuagésimo día después de la Pascua judía en  (en griego  πεντηκοστή (pentikostí]) o sea, en Pentecostés, 50 días después que Jesús resucitó. Se da por la efusión del Espíritu Santo prometido sobre los apóstoles, María la madre de Jesús y otras mujeres.

Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de Los Olivos, que dista de la ciudad como media hora de camino. Entraron en la ciudad y subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Allí estaban Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas, hijo de Santiago. Todos ello perseveraban juntos en la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hechos 1, 12-14).

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran. (Hechos 2, 1-4).  Cf 1 Corintios 12

Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas. (Hechos 2, 41).

 

Los primeros creyentes de la Iglesia 

 

Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.

Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se iban salvando. (Hechos 2, 42 y 47).

 

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Denominaciones de los primeros creyentes

Los del Camino 

 

Según lo dicho por Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14,6), quizá los apóstoles y primeros creyentes llevaban este mensaje a las personas de los lugares donde iban, insistiendo que el seguimiento a jesús el Cristo era "El Camino" indicado para obtener la salvación eterna; por ello se les empezó a identificar como «Los del Camino».

Saulo no desistía de su rabia, proyectando violencias y muerte contra los discípulos del Señor. Se presentó al sumo sacerdote y le pidió poderes escritos para las sinagogas de Damasco, pues quería detener a cuantos seguidores del "Camino" encontrara, hombres y mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén(Hechos 9, 1-2).  Cf Hechos 19, 9; Hechos 22, 4; Hechos 24, 14 y 22;

 

 

Los Santos de la Iglesia 

Otra denominación para los seguidores de el Cristo es la de "santos". El mismo Saulo, el de la historia anterior, que perseguía a los del "Camino", después de su conversión les menciona con el tratamiento de "santos".

"A la Iglesia de Dios que está en Corinto: a ustedes que Dios santificó en Cristo"(1 Corintios 1, 2).

"Carta de Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos que están y perseveran en Cristo"(Efesios 1, 1).  Cf Efesios 5, 3

"Saluden a los hermanos, como a santos en Cristo"(Filipenses 4, 1).

 

Así mismo, la invitación del apóstol Pedro es que cada creyente en Cristo debe vivir en santidad, buscando siempre la perfección a que nos invita el divino Maestro: "Sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo" (Mateo 5, 48).

"Si es Santo el que los llamó, también ustedes han de ser santos en toda su conducta, según dice la Escritura: Sean santos, porque yo soy santo"(1 Pedro 1, 15-16).  Cf Levítico 19,2

El término “santo” tiene sus raíces en la palabra latina sanctus y su equivalente en griego es ἅγιος (hagios). En el Nuevo Testamento, que fue escrito en griego, aparece 229 veces en referencia a los creyentes de la Iglesia naciente. Por consiguiente, cuando en una declaración de fe, como la del Credo de los Apóstoles, afirmamos que creemos en la “comunión de los santos”, estamos diciendo que creemos que todos los creyentes, tanto los vivos como los muertos, somos parte del Cuerpo de Cristo (la Iglesia) y  que estamos en comunión mediante la única fe en la doctrina cristiana".

"Un solo Cuerpo y un mismo Espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo"(Efesios 4, 4-5). Cf 1 Corintios 8, 6; 1 Corintios 12, 4-7

Los Cristianos 

Cuando Bernabé y Saulo llegaron a Antioquía de Siria, se quedaron allí durante un año entre los gentiles hablándoles de las enseñanzas de Jesús, el Cristo, por eso la gente de ese lugar empezó a llamarlos "cristianos", que quiere decir "seguidores de Cristo"; en griego, que era la lengua del lugar,  Χριστιανοί (Christianoí)

Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo, y apenas lo encontró lo llevó a Antioquía. En esta comunidad trabajaron juntos durante un año entero, instruyendo a muchísima gente, y fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron el nombre de cristianos(Hechos 11, 25-26).

Una sola Iglesia

Jesús se dirige al apóstol Simón, y al nombrarlo lo hace comparándolo con una piedra: "πέτρα" (petra), en forma masculina "πέτρος" (petros), del cual se deriva el nombre propio Pedro, que conocemos como nombre propio.

 

En la gramática griega, esta forma masculina -πέτρος-, históricamente se adaptó para nombre propio o para referirse a piedras individuales o fragmentos de roca. El evangelista Juan menciona este cambio de nombre con la palabra aramea "Kefas" que igualmente significa piedra.

Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: "Tú eres Simón hijo de Juan, pero te llamarás Kefas"(Juan 1, 42).

Mientras que san Mateo lo narra con la palabra griega equivalente.

"Tú eres "πέτρος(petros), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer"(Mateo 16, 18).

 

Si Jesús habla de "mi Iglesia", nos deja claro que será una sola, que no habrán otras iglesias. Por lo cual, la enseñanza apostólica exhorta a creer en un solo Señor, en una sola fe y en un solo bautismo [Efesios 4, 5]; también, a manera de metáfora, nos enseña claramente que la Iglesia es la esposa de Cristo [2 Corintios 11, 2] [Apocalipsis 19, 7] [Apocalipsis 21, 2], así que Cristo no puede tener más de una esposa.

 

Atendiendo al significado de "Iglesia" -Εκκλησία (ekklesía)- asamblea, y a las palabras de Jesús "Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos"  (Mateo 28, 19), se extendió la idea de que esta asamblea es universal, por lo que del griego pasa al español la expresión "Iglesia Católica", que significa Εκκλησία (ekklesía)= asamblea + καθολικός (katholikós)= universal.   Así que...

 

Iglesia Católica = Εκκλησία καθολικός = Asamblea Universal.

 

Quizás la Gran Asamblea del Antiguo Testamento [Salmo 35, 18] es prefigura de la Asamblea Universal del Nuevo Testamento donde se ofrece la Acción de Gracias, es decir, la Eucaristía en comunión universal:

"Te daré gracias en la Gran Asamblea, te alabaré cuando esté todo el pueblo".

La "asamblea en fiesta" es otra metáfora con que el apóstol Pablo se refiere a la Iglesia que, desde la tierra, somos los primeros ciudadanos del cielo.

"Ustedes se han acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial con sus innumerables ángeles, a la "asamblea en fiesta" de los primeros ciudadanos del cielo; a Dios, juez universal, al que rodean los espíritus de los justos que ya alcanzaron su perfección"(Hebreos 12, 22-23).

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Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

Jesús se dirige al apóstol Simón, y al nombrarlo lo hace comparándolo con u"asamblea en fiesta" de los primeros ciudadanos del cielo; a Dios, juez universal, al que rodean los espíritus de los justos que ya alcanzaron su perfección"(Hebreos 12, 22-23).

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Ancla 2

«Bienaventurado eres Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro (piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».    [Mateo 16,17-19]

Hebreo:  קָהַל  (qahal) = Asamblea.

Griego:   «ἐκκλησία»  de donde se origina al español la palabra Iglesia.

Cuando el Texto Masorético usa el término qahal, la Septuaginta usualmente usa el término griego Koine ekklesia , ἐκκλησία, que significa "grupo convocado", literalmente, "los que son llamados", es decir, la asamblea. Por lo tanto, la traducción habitual de qahal es "congregación" o "asamblea.

Tras la Antigua Alianza con el pueblo de Israel, sucedió una Nueva Alianza, un nuevo pacto de amistad que transformó radicalmente las relaciones de Dios con la humanidad; Alianza que fue sellada con la Sangre de Jesús, quien se ofrece en alimento espiritual y nos invita a participar activamente en aquel banquete celestial mediante el sacramento de la Eucaristía, siendo este sacramento el centro de la vida cristiana.

AT  De
AT  1 M
NT  Marcos 8,27
NT  Lucas 9,18
NT  Juan 6,69

Ante la profesión de fe del apóstol Simón, Jesús le da el calificativo de «piedra» al comisionarlo para que dirija la Gran Asamblea que constituirá, quizá siguiendo las ideas del salmista [Salmos 22 y 40], que también denomina Asamblea de los Santos, [salmos 89 y 149]. Luego, entonces, si fuese considerado propiamente en nuestra lengua, Jesús hubiese dicho: "Simón hijo de Juan, desde ahora te llamarás piedra y sobre esta piedra edificaré mi asamblea", entendiéndose que del término piedra (en griego petrus) se origina al castellano el nombre propio Pedro. Así, en la Biblia, algunas veces encontramos que se le llama «Simón Pedro» [Juan 1,40], «Simón, llamado Pedro» [Mateo 4,18] o en ciertos casos, simplemente «Pedro» [Juan 1,44]; esto quizá para no confundirlo con el otro apóstol que también se llamaba Simón, apodado el Zelote [Lucas 6,13-16].

Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo». Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: esto es mi sangre, la sangre de la Nueva Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora no volveré a beber del fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre».    [Mateo 26,26-29]

AT  Éxodo 24,8
AT  Salmo 50,5
AT  Jeremías 31,31-34
NT  Lucas 22,19s
NT  1 Corintios 10,16s
NT  1 Corintios 11,23-29
NT  Hebreos 9,19-26
NT  Hebreos 10,28-30

Hay que considerar que para el pueblo de Dios, de la antigua alianza, la asamblea era indispensable en su actuar comunitario; en asamblea se elevaba la adoración al Dios único de Israel; en asamblea se dictan las normas y se toman las decisiones de repercusión social. Esto se deja entrever en muchos pasajes de la Torah. Veamos a continuación algunos textos, para darnos una idea de este concepto: 

Génesis 48,4      | «Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques. Haré de ti una asamblea de naciones y a ti y a tus descendientes después de ti entregaré esta tierra en posesión perpetua».

Salmo 1,5              | «No triunfarán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos».

Salmo 22,23-26  | «Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: “Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel.  Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio”. Por eso te alabaré en la Gran Asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles».

Salmo 26,12  | «Mis pies pisan en terreno llano, bendeciré al Señor en la asamblea».

Salmo 35,18  | «Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré cuando esté todo el pueblo».

Salmo 40,10-11   | «Publiqué tu camino en la Gran Asamblea; no me callé, Señor, tú bien lo sabes. No encerré tus decretos en el fondo de mi corazón: proclamé tu fidelidad y tu socorro. No oculté tu amor y tu verdad en la Gran Asamblea».

Salmo 89,6   | «Señor, los cielos celebran tus maravillas, y tu fidelidad, la asamblea de los santos».

Salmo 149,1  | «¡Aleluya! Canten al Señor un canto nuevo, su alabanza en la asamblea de los santos».

Eclesiástico 7,7.14  | «No ofendas a la asamblea de la ciudad ni pierdas la confianza de la población». «No hables demasiado en la asamblea de los ancianos, ni multipliques las palabras en tu oración.

Eclesiástico 7,7.14    | «La opinión del prudente es requerida en la asamblea, y todos reflexionan sobre sus palabras».

Eclesiástico 39,10    | «Las naciones hablarán de su sabiduría y la asamblea proclamará su alabanza».

Eclesiástico 44,15    | «Los pueblos hablarán de su sabiduría, y la asamblea proclamará su alabanza».

1 Crónicas 28,8      | «Ahora, pues, a los ojos de todo el pueblo de Israel, que es la asamblea de Yahweh, y a oídos de nuestro Dios, guarden y mediten todos los mandamientos de Yahweh su Dios, para que puedan poseer esta tierra espléndida y la dejen como heredad a sus hijos después de ustedes para siempre».

AT  Deuteronomio 1,10
AT  1 Macabeos 2,52
NT  Romanos 4,3
NT  Hebreos 11,12
NT  Santiago 2,23

«Cuenta las estrellas, si puedes. Así será tu descendencia...Yo soy Yahweh, que te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra en propiedad.»    [Génesis 15, 5-7]

El Pueblo de Dios.

El Antiguo Testamento nos relata cómo empezó a formarse el pueblo de Dios; Abrahán y Moisés fueron los elegidos para sellar la Alianza de Dios con su pueblo, el Pueblo de Jacob, llamado también pueblo de Israel. Abrahán vivía en una ciudad de Mesopotamia llamada Ur; un día Dios le pidió que dejara su país y se encaminara a la tierra que Él le mostraría. Abrahán se puso en camino con toda su familia; cuando llegaron a Siquem, en la tierra de Canaán, Dios le hizo una promesa:

Años más tarde, el pueblo de Israel marchó a Egipto, siendo allí esclavizado por el Faraón; a raíz de esto, Moisés fue elegido por Dios para sacar a su pueblo de la esclavitud de los egipcios y devolverlo a la tierra prometida. Después de muchos años de peregrinación por el desierto, los israelitas llegaron al monte Sinaí, allí Dios se manifestó en toda su gloria y majestad ante Moisés y su pueblo para darle su Ley y pactar con ellos una alianza, lo que hoy conocemos como la Antigua Alianza:

«Si ustedes me escuchan atentamente y respetan mi alianza, los tendré como mi propiedad personal entre todos los pueblos, siendo que toda la tierra es mía, serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me es consagrada.»   [Éxodo 19,5s]

«Tendré mi Morada entre ustedes y ya no los miraré mal. Me pasearé en medio de ustedes y seré Dios de ustedes mientras ustedes serán mi pueblo. Pues yo soy Yahweh, Dios de ustedes, que los saqué del país de Egipto para que no fueran más esclavos de ellos...»    [Levítico 26, 11-13]

AT  Deuteronomio 7,6
AT  Deuteronomio 10,14
AT  Deuteronomio 26,18
AT  Malaquías 3,17
NT  Tito 2,14
NT  1 Pedro 2,9
NT  Apocalipsis 1,6
AT  Ezequiel 36,28
AT  Jeremías 30,22
NT  2 Corintios 6,16s
NT  Apocalipsis 21,3
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