

La Iglesia
La doctrina cristiana indica cuatro atributos de la Iglesia que se recitan en el Credo o profesión de fe: La Iglesia es "Una, Santa, Católica y Apostólica". Estas cuatro palabras indican las características esenciales de la Iglesia de Cristo, fundada sobre la base o cimientos que son los apóstoles.
«Están cimentados en el edificio cuyas bases son los apóstoles y los profetas y cuya "piedra angular" es Cristo Jesús» (Efesios 2, 20).
En este pasaje, y utilizando la metáfora, el apóstol Pablo identifica la Iglesia Peregrina o militante que conforma el "Primer Cielo", es decir, al conjunto de bautizados que conviven en una fe sólida aquí en este espacio terrenal.
Así mismo, el apóstol Juan, metafóricamente, describe la Iglesia Triunfante o "Tercer Cielo" como una ciudad amurallada: La Nueva Jerusalén que se sostiene sobre el fundamento apostólico.
«La muralla de la ciudad descansa sobre doce bases en las que están escritos los nombres de los doce Apóstoles del Cordero» (Apocalipsis 21, 14).
Este es un principio de la fe cristiana y significa que la Iglesia tiene un solo cuerpo [1] [2] que cree en un solo Señor, que confiesa una sola fe y nace de un solo bautismo [3], el cual aplican los ministros eclesiales para conferir el título de cristiano, no a nombre propio, sino "en nombre de Dios", es decir, "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"[Mateo 28, 19].
[1] Miren cuántas partes tiene nuestro cuerpo, y es uno, aunque las distintas partes no desempeñan la misma función. Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros y tenemos carismas diferentes según el don que hemos recibido [Romanos 12, 4-6].
[2] Hemos sido todos bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo... Ustedes son el "Cuerpo de Cristo", y cada uno en su lugar es parte de ese Cuerpo. [1 Corintios 12, 13. 27].
[3] Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Efesios 4, 4-5].
Este es un principio de la fe cristiana y significa que la Iglesia tiene un solo Señor, confiesa una sola fe y nace de un solo bautismo [Efesios 4,5]. Su unidad viene de Dios Padre, de Jesucristo y del Espíritu Santo.
El mismo Jesús, Hijo encarnado, reconcilió a todos los hombres con Dios Padre... restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo, su Iglesia"; Por ello, en su oración al Padre, Jesús se expresa así:
«Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad...» (Juan 17, 21-22).
La unidad de la Iglesia peregrina está muy bien asegurada si se practican aquellos vínculos visibles de comunión entre todos, como:
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la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles;
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la celebración común del culto divino, es decir, la Eucaristía y demás sacramentos;
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la sucesión apostólica por el sacramento del orden sacerdotal, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios .
El apóstol Pablo también nos indica que los cristianos, por encima de esta vestidura, pondrán como cinturón el amor, que lo hace todo perfecto. (Colosenses 3, 14).
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la Iglesia tiene un solo Señor, de Jesucristo.
Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la Palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada (Efesios 4. 25-27).
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